Este vino evoca un personaje y una epopeya continental: San Martin y la independencia sudamericana.

Su elaboración procede de las tierras del Valle de Uco, la selecta región vitivinícola ubicada en las faldas del Cordón del Plata que el Héroe de los Andes contempló mientras organizaba la desafiante empresa que extirpó el poder colonial en América del Sur.

Pocas veces el Libertador y su epopeya han sido objeto de homenajes en vinos argentinos. En general su memoria está asociada con monumentos y estatuas, plazas, calles y clubes, billetes, monedas y estampillas, libros, poemas, himnos, cuecas o tonadas. Dicha ausencia contrasta con bebidas famosas que recuerdan a Washington, Hamilton, Madison y al mismísimo Napoleón Bonaparte, los grandes hombres que marcaron a fuego la historia del siglo XIX en ambos lados del Atlántico cuando la idea de libertad estaba asociada con la independencia de los pueblos y los valores humanitarios.

El vino cuyano constituyó un elemento central en la preparación de la campaña libertadora a Chile y el Perú. Fue usado por San Martín como bien de cambio para comprar uniformes y ponchos para soportar el Cruce de los Andes, como fuente de energía para librar la batalla tras la cordillera, y por el lugar que cumplía al atardecer cuando oficiales y soldados acampaban en la soledad de las montañas y entonaban coplas, vidalas y la canción nacional que les insuflaba ánimo y vigor para seguir la marcha. Ni el mismo San Martín pudo escapar a la inquietante vivencia patriótica abierta con el avance sobre “los inmensos montes” cuando según un oficial que lo acompañaba, encendió un cigarrillo en la penumbra de la noche, y ordenó que la banda de música integrada por negros y morenos ejecutara las notas del himno nacional… 

El vino tampoco estuvo ausente en el parlamento que mantuvo San Martín con los caciques pehuenches en el fuerte de San Carlos en 1816 que favoreció el avance de las columnas que atravesaron los pasos del Portillo y el Planchón. Según las crónicas, los vinos y aguardientes cuyanos fueron objeto de intercambios junto a otros objetos como expresión de la cooperación entre las fuerzas patriotas y los indígenas que tenía como propósito volcar su adhesión a la causa de América, y distraer la estrategia de defensa pergeñada por el gobernador Casimiro Marcó del Pont mediante noticias falsas.

A su vez, el vino regó los festejos populares que celebraron la independencia de las Provincias Unidas de América del Sud, y los triunfos militares cosechados por el Ejército de los Andes en Chacabuco y Maipú. En aquellas celebraciones iluminadas con fuegos de artificio, bailes, saraos y corridas de toros, los brindis por la Salud de la Patria y la gratitud al Héroe de los Andes colmaron las copas de cristal de las familias distinguidas, y los recipientes modestos utilizados por la gente del común.

Hay una famosa anécdota del valor dado por San Martín al vino cuyano frente a los procedentes de España que poblaban el mercado de bebidas en tanto era un gran conocedor de los frutos de Baco desde que había librado la guerra en la península contra Napoleón, y los revolucionarios franceses. Según cuenta un famoso oficial de granaderos, y mientras ajustaba cada detalle para remontar la cordillera, el General almorzaba todos los días asado u otro plato sencillo, y una pequeña porción de dulce. Lo hacía solo, sentado en una silla baja y con un solo cubierto mientras saboreaba su botella de vino.